5
Abr
2020
1

Meditación de la Ola

MEDITACIÓN de la OLA por Julián Peragón de la Escuela Yoga Síntesis

 

 

EXPLICACIÓN PREVIA:
Podemos notar en el vientre donde sucede principalmente la respiración. Es el diafragma que está en la frontera entre pecho y abdomen, el que se desplaza hacia abajo y hacia los lados para iniciar la inspiración. La respiración es el primer alimento, la fuente de energía que nutre todas nuestras células. Y esta respiración que está en la base de lo que somos se parece a una OLA que va y viene pues nos recuerda el ritmo de nuestro aliento.
La ola nos sugiere que está anclada al océano de tal manera que es indisociable. Ola y océano solo son un cambio de forma, una ilusión. La ola no es nada sin la inmensidad del océano. Asimismo el ego se sueña estable e independiente aunque no se da cuenta que apenas es un barquito en el océano de la inmensidad del Ser. Pura ilusión de separatividad, soberbia engrandecida por los mismos deseos, pero en el fondo, nada consistente.

TÉCNICA:
Mudrâ: Si la mano izquierda (mirando hacia arriba) pudiera representar esa infinitud del océano (en este caso, del Ser), la mano derecha estaría encima de la izquierda proyectando los dedos hacia las alturas tal como una ola es empujada por el fuerte viento.
Podemos mantener el gesto simbólico con las manos durante la primera parte de la meditación. Cuando aparece el cansancio es aconsejable descansar las manos en las piernas o el regazo de la postura.

MEDITACIÓN

Tomamos asiento y estabilizamos la postura con enraizamiento y verticalidad.

(Tres campanadas)

Hacemos un gesto de respeto y de interiorización para empezar la meditación.

La posición inmóvil nos ayuda a conectar con el cuerpo y su sensibilidad, así como con la dimensión energética del cuerpo.
Aparece con fuerza la conciencia de la respiración que frena la dispersión mental y permite la vivencia del momento presente

Es momento de hacer la mudrâ de la ola. La mano izquierda vuelta hacia arriba y la mano derecha encima con los dedos levantados imitando una ola que nace desde el océano. Mantenemos el gesto a la altura del vientre para mayor comodidad.

En cada inspiración nos imaginamos la ola que crece con fuerza, y en cada espiración visualizamos como esa ola se derrama sobre el mismo mar.

Al inspirar somos ola pero al espirar somos océano.

En cada inspiración el viento de nuestro carácter se revuelve para expresarse formando la ola de la individualidad, pero en la resistencia de la vida, se disuelve de nuevo en las aguas del océano.

Al inspirar estamos en la superficie del yo, pero al espirar vamos hacia las profundidades del Ser.

Al inspirar a veces expresamos nuestro orgullo, pero al espirar podemos deshacernos con la humildad.

Al inspirar nos congelamos con el miedo pero al espirar renacemos con el coraje necesario para afrontar nuestra vida.

Al inspirar podemos sentir nuestra vanidad pero al espirar nos abrimos a la autenticidad.

Al inspirar reconocemos nuestra codicia pero al espirar nos reconfortamos con la vida sencilla y digna.

Somos ola pero también océano. Somos el mismo agua.
Podemos estar en la superficie de las circunstancias pero después podemos indagar en el significado de lo que vivimos.

Podemos retener un tiempo el aire dentro pero indefectiblemente tenemos que sacarlo afuera. Somos alternancia. Inspirar y espirar, inspirar y espirar.

Nuestra respiración se va ralentizando, sensibilizando e interiorizando hasta que los límites de Eso que somos se va diluyendo en la total presencia.

Abrazamos la presencia del océano en su profundidad y su inmensidad. El Ser que somos se hace amigo del misterio que nos rodea.

Respiramos silencio, paz y libertad.

(Una campanada)

Para finalizar hacemos una inspiración profunda, un saludo de agradecimiento y empezamos a estirar todo el cuerpo.

Gracias por compartir estas meditaciones. Om Shanti

Photo by Simon Rae on Unsplash

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