13
May
2020
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Meditación sobre el AGRADECIMIENTO

MEDITACIÓN sobre el AGRADECIMIENTO por Julián Peragón de la Escuela Yoga Síntesis

 

 

EXPLICACIÓN PREVIA:
Esta es una meditación especial. Las tradiciones meditativas no hacen sólo práctica de contemplación. La enseñanza y la reflexión van conjuntamente, se solapan y se interrelacionan. Si no indagamos en los hitos importantes de nuestra vida, la meditación pierde profundidad. Podríamos decir que hay que sentarse en el cojín pero también hay que abrir los libros. La filosofía nos permite discernir con más claridad aquello que experimentamos, y la contemplación encajar en lo real lo que discurrimos. Van de la mano, se necesitan mutuamente. De ahí que planteemos meditaciones especiales para abrir ventanas al campo, siempre fecundo, de la indagación.
Escucha atentamente el texto sobre el agradecimiento y déjate sentir adónde te lleva y qué conexiones se establecen. A continuación del texto habrá silencio hasta el final salpicado con alguna campanada.

MEDITACIÓN:
Puedes hacer algunos estiramientos sencillos para preparar la postura meditativa.

(Tres campanadas)

Siéntate con comodidad buscando la estabilidad y la inmovilidad.

Conecta con tu cuerpo y con su sensibilidad.

Respira lenta y profundamente, sin forzar el ritmo respiratorio.

Y deja que tus sentidos se replieguen para acercarte a tu mundo interior.

(Una campanada)

TEXTO sobre el AGRADECIMIENTO
Algunos días, podemos mirar por la ventana y ver un paisaje maravilloso de montañas y valles. Podemos escuchar el sonido de los pájaros, oler la tierra húmeda, acariciar a nuestras mascotas. Y lo podemos hacer porque nuestros sentidos están abiertos y pueden captar una infinidad de sensaciones. Aunque natural, no deja de ser extraordinario, así lo captan personas que desafortunadamente han perdido la vista o la audición, el olfato, el tacto o el gusto.
Podemos pasear por el bosque o ciudades con nuestras piernas y podemos cobijarnos del frío y la lluvia en casa. Somos enormemente privilegiados. Seguros y confiados en nuestro hogar podemos darnos una ducha o un baño caliente que cientos, sino miles, de millones de personas no pueden disfrutar en nuestro planeta azul que curiosamente está repleto de mares y lagos.
Podemos viajar a lugares lejanos y tener toda la información y servicios con un solo clic; hacer llamadas a amigos que viven en otros continentes. Tenemos tiempo para estar con amigos y familiares y recursos para hacer cursos de crecimiento personal. Tenemos todo lo inimaginable pero no somos del todo felices.
Tenemos salud y, cuando la perdemos, podemos acudir a médicos, terapeutas, masajistas, osteópatas, acupuntores, entre otros que nos cuidan.
Hay personas que nos ayudan a limpiar nuestras casas, que traen paquetes y comida a domicilio en un santiamén. Cerca de casa hay supermercados repletos de miles de productos alimenticios y de consumo. Compramos mucha comida que después gestionamos pésimamente pues un tanto elevado de la comida que compramos va a la basura.
Nos sobra la ropa, se amontonan los libros, se abandonan los juguetes y desechamos electrodomésticos que todavía funcionan. Vivimos en la abundancia pero todavía hay algo que nos falta. Drogadicción y depresiones dan cuenta de ello.
La Tierra nos da de todo pero somos desagradecidos. Ella da signos de agotamiento pero seguimos sin cuidarla.
Nunca hemos pasado hambre de verdad, ni hemos soportado las bombas de la guerra, no hemos sido explotados en un trabajo esclavo ni hemos saltado vallas altas para pedir refugio en otro país arriesgando nuestras vidas. Afortunadamente ha sido así porque todo el mundo se merece una vida digna y segura.
La vida nos sonríe y, a menudo, no le devolvemos la sonrisa. Tenemos inmensos recursos para aprender y no los aprovechamos. Malgastamos el tiempo en un ocio de evasión y, al final, nos quedamos sin tiempo ni energía para abordar cuestiones importantes de nuestra sociedad y supervivencia.
Vivimos sin dar gracias a la vida por tantos dones. Somos indiferentes a los ancianos que tanto han trabajado por nuestro bienestar y tanto sacrificio han dejado por el camino. Tampoco tenemos tiempo para educar convenientemente a nuestros hijos. Sin embargo, vivimos exigiendo y quejándonos de las cosas que no están como deberían pero miramos muchas veces a otro lado cuando hemos de colaborar.
Nos quejamos de soledad en medio de tantas personas pero no tenemos tiempo para los demás. Estamos tan llenos de nosotros mismos que no vemos lo que tenemos delante. Este cielo tintado de ocre, esa hierba ondulada por el viento, ese silencio al romper el día… No nos fijamos en el insecto, en el arbusto ni en la neblina.
La vida se vuelve extraña, ya no sabemos cómo orar ni cómo bendecir, no sabemos cultivar ni construir, hemos olvidado cómo ayudar en la sanación y cómo acompañar a los que se mueren a nuestro lado. En la super especialización estamos perdiendo la dimensión integral de la vida.
Al final lo compramos todo hecho. Sabemos el precio de todo pero el valor de nada. Hemos olvidado el regalo del agradecimiento. La meditación nos sirve para recordar que no hay profundidad sin dar gracias a la vida.

(Campanadas periódicas)

Mantente en silencio hasta el fin de tu meditación. Al finalizar haz una inspiración profunda y un gesto de agradecimiento. Sal lentamente de la postura.

Gracias por compartir estas meditaciones. Om Shanti.

 

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