MEDITACIÓN SÍNTESIS
7 ETAPAS PARA UNA MEDITACIÓN INTELIGENTE
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12
Jul
2018
0

7 etapa: Meditar como un Abrazo

No dualidad (abrazo)

Cuando damos un abrazo, lo primero que hacemos es abrir los brazos y el pecho, hacer espacio delante de nosotros. Y entonces, al envolver con ellos a la otra persona, ya no estamos solos, ya no estamos vacíos; aparentemente hay entre nuestros brazos otro, pero no es verdad: el abrazo sincero amasa los cuerpos y congrega corazones en una sola esfera. No somos dos sino uno, una nueva entidad en la que hemos abolido las diferencias.

Dicen que el primer acto de la creación fue un acto de amor. Dios, en su plenitud e infinitud, lo primero que hace es contraerse, dejar espacio para que aparezca lo otro, la creación. El verdadero amor no es dar un paso hacia el otro sino, más bien, vaciarse de uno mismo, hacer hueco en el corazón y escuchar en silencio.

Eso mismo hacemos en meditación en esta última etapa: amar más allá de nuestro yo, abrazar profundamente el sufrimiento del mundo, como si nuestro arrobamiento pudiera destilarse en lluvia, en brisa, en luz, y así llegar a cada uno de los seres de este planeta y amortiguar su sufrimiento. Ese es el objetivo más noble: meditar para aligerar el sufrimiento del mundo.

12
Jul
2018
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7 etapa: Meditar como un Fruto

Desprendimiento (fruto)

Después del largo camino que hemos realizado, ahora tenemos que dejar ir, río abajo, todo lo que hemos alcanzado. Todas aquellas comprensiones y experiencias en las que nos hemos ido apoyando a lo largo de nuestra maduración interna, ahora se vuelven un lastre que hemos de ir soltando. El globo en el que vamos se precipita desde las alturas y urge sacar peso.

En realidad, el camino de la meditación es un camino de desprendimiento de capas postizas, de falsas identidades. La familia, los amigos de la infancia, nuestros ídolos, las ideologías, la identificación con una nación, con un partido político, con una estética, etcétera, etcétera, tuvieron su razón de ser, fueron los retazos de ese collage sobre el que construimos nuestra identidad. Pero ahora, cualquier traje nos queda corto, cualquier identidad es una restricción que nos impide sentir la libertad total. Con todo eso no podemos más que hacer un fuego interno y, al amparo de la luz, ver cómo se convierte en ceniza.

El fruto de nuestro árbol meditativo ha ido madurando pero, casi en secreto, albergaba un final dramático: no estaba destinado a guardarse en la despensa, sino a desprenderse en el vacío. Cuando el yo ha reconocido su componente ilusorio, ya no vivimos para nosotros mismos sino para algo mayor que nosotros: para el bien común, para los demás, para la vida en sí.

Silenciosamente, el peso del fruto maduro iba inclinando nuestras ramas. La plenitud nunca es orgullo o vanidad sino conciencia de la pequeñez. Y al fin, el fruto se libera, y nosotros con él, hacia una nueva vida, hacia un nuevo camino de renovación.

12
Jul
2018
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7 etapa: Meditar como el Firmamento

Infinitud (firmamento)

El largo camino vuelve otra vez a casa después de haber dado una enorme vuelta. De alguna manera teníamos que vivir la separación para comprender íntimamente la fusión, teníamos que ir al confín del mundo para darnos cuenta de que lo que buscábamos ya estaba al inicio, en el ecuador y al final de la búsqueda. El camino nos ha templado, nos ha hecho más sabios, más tolerantes por fuera y más humildes por dentro.

Ese buscador ha ido dejando por el camino sus libros eruditos, sus citas, sus discursos y hasta su memoria. Ha renacido vulnerable, casi anónimo, mediador y disponible ante la acción esencial, y ha comprendido que tenía que alzar la mirada hasta empaparse de infinitud.

El cielo estrellado es también nuestro hogar. Somos hidrógeno que durante miles de millones de años se ha especializado, y ahora estamos aquí como polvo de estrellas contemplando las mismas estrellas. Nuestra conciencia es eso: el universo viéndose a sí mismo. El firmamento es de tal envergadura que sólo podemos ver lo que la luz más lejana ha logrado recorrer en quince mil millones de años; el resto, si lo hay, es mudo o invisible. El estremecimiento que sentimos ante el cosmos nos remite a la nada. ¿Qué somos? ¿Dónde queda nuestra importancia personal? ¿Qué significa nuestra vitrina de trofeos y medallas? La respuesta es simple: somos el grano de arena en la amplitud del desierto, la gota de agua en la inmensidad del océano, un pequeño ser sobre el planeta en la infinitud del firmamento. Nuestra mente estalla ante la aniquilación de la nada, pero el corazón nos rescata y nos dice que también somos el todo, que el universo ahí fuera es idéntico al universo que sentimos dentro.

12
Jul
2018
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6 etapa: Meditar como un Lago

Calma (lago)

A la postre, lo que cosechamos en esta etapa, dentro de esta dimensión anímica, es calma, calma profunda. Una calma que no proviene de este mundo, que va mucho más allá de la ausencia de estrés y de preocupaciones. Es extraordinario ver la transparencia del agua cuando no está agitada, el fondo del lago cuando la superficie está tranquila. La mente, ya lo hemos dicho, es como un lago cuyas aguas quedan impregnadas por las estelas que dejan nuestros actos. Plástica, impresionable, voluble, la mente lo capta todo, lo absorbe todo, lo digiere todo, aunque sea desde el fondo de su inconsciente. Cuando conseguimos frenar el viento que la agita, poco a poco las aguas mentales vuelven a su remanso; cuando conseguimos fijar la mente en un punto, en un objeto, entramos en esa calma profunda.

Pero es bueno recordar que no es tanto la calma en sí la que nos interesa, como la visión que ésta posibilita. El Testigo, el Alma o el Ser, como queramos llamarle, no puede sino mirar a través de la ventana el paisaje de la realidad. La transparencia de la ventana se vuelve imprescindible, así como la purificación de la mente. Hasta que la piedra sea piedra, hasta que la lluvia sea sólo lluvia, sin añadidos, sin juicios ni valoraciones, sin preferencias, no podemos dejar de limpiar el cristal y apaciguar la superficie del lago mental.

12
Jul
2018
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6 etapa: Meditar como un Rayo

Intuición (rayo)

Somos una totalidad, que se desgaja en cuerpos o dimensiones de la misma manera que la luz blanca se refracta en colores. En nosotros existe un cuerpo con su vitalidad, un cuerpo emocional y otro afectivo, un cuerpo de pensamientos y otro intuitivo, suficientes notas para tocar la sinfonía de la vida.

En cada cuerpo o dimensión hay un yo, más físico, emocional o mental, y ese yo puede estar gritando ahora mismo o estar amordazado. Todos conviven, todos se articulan, pero el juego de identificaciones puede ser muy complicado. Cuando tenemos hambre, sueño o deseo sexual se activan los yoes de los primeros peldaños, y cuando escribimos una poesía, damos un abrazo o inventamos un nuevo ingenio se activan los que van a continuación. Vamos arriba y abajo por la escalera, pero solemos pernoctar en aquella dimensión que nos resulta más familiar o en la que nos quedamos atrapados porque no atinamos con la salida.

La percepción, la sensación, la emoción, el sentimiento y el pensamiento se colocan uno encima del otro como capas de sedimentos para alumbrar el siguiente eslabón de la cadena: la intuición. A veces confundimos las intuiciones con corazonadas, o las camuflamos bajo la piel de los deseos, pero la intuición es una función superior, que emerge de la parte luminosa de nuestra mente.

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12
Jul
2018
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6 etapa: Meditar como el Ojo

Visión (ojo)

El ojo puede verlo todo… menos a sí mismo. Tendremos que recurrir a mecanismos indirectos, como el espejo o la cámara, para poder ver nuestra mirada. Vayamos un poco más allá en el símbolo: un ojo tiene una morfología precisa (el iris, la córnea, la pupila, el cristalino, etc.). ¿Pero es el ojo el que ve? ¿O más bien, vemos a través del ojo?

Cuando miramos a los ojos a una persona, nos podemos entretener en el color de sus ojos, en su forma, su movimiento, etc., pero si afinamos la atención, nos damos cuenta de que hay algo más allá de los globos oculares. Sin duda hay alguien, un ser que nos mira, una inteligencia o tal vez una chispa del mismo espíritu. En nuestra mirada de los ojos podemos quedarnos en el objeto (los ojos), o en el sujeto (la mirada). Podemos discriminar.

Cuando miramos un árbol, por ejemplo, nos damos cuenta de que nosotros no somos el árbol porque la información sensorial nos dice que él está en el jardín y nosotros dentro de casa y que, por llevarlo hasta el absurdo, cuando nosotros nos vamos a dar una vuelta el árbol se queda donde estaba. Sin embargo, cuando miramos nuestra mano también podemos tener la certeza que no somos la mano porque, aunque ésta vaya con nosotros a todos lados y podamos incluso sentir su dolor, si ocurriera un accidente y nos la tuvieran que amputar, no dejaríamos por ello de ser quienes somos.

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12
Jul
2018
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5 etapa: Meditar como un Pájaro

Celebración (pájaro)

Las estrellas desaparecen porque la noche se disuelve en la luz de la mañana. El pájaro canta al alba para certificar el nuevo día y celebrar a los cuatro vientos la libertad que le dan sus alas. Canta el pájaro y canta el alma, aunque a menudo no escuchemos su letra ni su melodía. El pájaro que alza sus alas a punto de iniciar el vuelo es el símbolo de que hay algo en nosotros que sobrevuela por encima de los intereses y trifulcas cotidianas, y ese algo, como decíamos, es nuestra alma.

Cuando cantamos, oramos o recitamos, nos alineamos con el canto del alma, y con ella celebramos la vida como don, y a su lado invocamos al espíritu del cual recibe su luz. ¿Qué es la meditación sino un canto en silencio, una oración sin palabras, una invocación sin ademanes? En esta etapa salimos de la oscuridad del sufrimiento para abrirnos a la luz de la conciencia. Si además utilizamos palabras, oraciones o plegarias, serán como vehículos de una apertura sincera a la inteligencia profunda que nos sostiene, y si repetimos o cantamos mantras o cantos devocionales, hacemos, como el pájaro, una llamada a las alturas del alma para volar en la infinitud de lo que somos.

Una vez ha despertado el corazón, no queda otra que canturrear la felicidad que sentimos, invocar para que se manifieste el espíritu o adorar lo que está oculto en la raíz de la vida.